La imaginaria.

6 11 2009

Tenia tiempo que no lo veía, tal vez ya no
quería verlo desde aquella ocasión que me dijo
que mejor fuéramos amigos, me sentía
despechada y a la vez lo extrañaba con el
amor que se siente solo por la persona, que
podríamos denominar “ESA PERSONA”,
llegamos a ese bar o café, ya ni lo recuerdo
bien, creo que estaba ahí embobada por que
estaría con el estaba ahí por que quería estar
con el.

Llegué, el no se había dignado a aparecer lo cual
como siempre en estas ocasiones dio tiempo
de arreglar el peinado, retocar el maquillaje, y
sobre todo escoger la mesa que fuera idónea
para ese encuentro que era precisamente almas
puro estilo de grupos pop ochenteno “un reencuentro”,
escogí la mesa que estuviera con visibilidad para
iluminarme los ojos cuando llegara, y a su vez
lo suficientemente discreta por si
pasaba algo más.

Esos 15 minutos que me tuvo esperando
parecía que señalaban el final, me iba a dejar
plantada, estaba por irme y mis manos
sudaban más de la cuenta justo cuando tomé
las correas de mi bolsa, lo miré entrar,
tan guapo como lo recuerdo, tan apuesto
como lo sueño, mi corazón en ese momento
se volvió a llenar de esperanza…. (la esperanza verde).

Me saludó me abrazó con ternura de
esa ternura que te hace suspirar, y uno de
esos suspiros que te llevan al otro lado del
mundo, se sentó, y a lo largo de
nuestra velada no dejaba de decirme que
era un tonto por haberme apartado de su vida,
que en verdad me extrañaba, por ratos
cual si fueren pausas para tomar aire, me
decía lo bien que lucia;
y lo bien que eso lo hacía sentir pues sabia
que lo había hecho por el.

De repente ya hacia el final de la velada
comenzó a decirme que el no sabia que
estaba haciendo, no sabia por que estaba
en esos momentos de su vida a
cercándose, tocándole las puertas al amor,
que el sabia que al buscar eso que el deseaba,
lo mas seguro es que perdería su libertad, me
tomó de las manos y me dijo….

– Por que será que, no tengo cerca de Amanda
para decirle esto..

Fue en ese mismo momento cuando mi corazón
pasó de sentir amor, a enojarse ( yo no me llamo
Amanda y nunca me ha dicho Amanda) y cual si fuese
tramite forzoso, le incriminé, lo mas relajada posible,
y conservando la compostura que me permitiese
salir con dignidad pese a haberme enterado de
esa otra persona; y pregunté

– Quien es Amanda?

A lo que el me respondió,

– No la conozco, es una mujer perfecta ideal que vive en mi imaginación…


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